Liquidación por cierre
Maniquíes desnudos y escaparates desolados. La mala situación económica deja tras de sí un reguero de tiendas y restaurantes vacíos en las calles de Palma: un 20% más que hace un año.
PALMA. Maniquíes desnudos, estantes desiertos, almacenes desolados y escaparates cubiertos de carteles de obras de teatro, folletos de cursos y anuncios varios. Un cartel destaca sobre los demás: es el de ´liquidación por cierre´, el de ´se alquila´, ´se traspasa´ o ´se vende´.
Estas consignas se ven cada día más por las calles de Palma, tanto por las principales arterias comerciales como por las vías más humildes. Esta plaga llamada crisis no entiende de barrios. Aunque con darse un paseo basta para hacerse una primera idea de la situación, los pequeños comerciantes y las agencias inmobiliarias lo confirman: el local vacío (o a punto de vaciarse) es la tendencia del último año.
"Dentro de poco, sólo podremos comprar en El Corte Inglés o en los chinos", protesta María Sánchez. Se disculpa: "Perdona, hoy estoy un poco llorona". No es para menos. Ha fijado para el día 18 de abril el cierre de su tienda de ropa infantil, Tribumanía, un negocio que abrió con ilusión hace dos años y que ahora, por "un cúmulo de cosas", se ve obligada a cerrar. Esta tienda constituía la primera aventura empresarial de María y los primeros meses lo pasó mal porque "cometes errores, los proveedores no te conocen...". Luego, el vuelco de la situación económica le tiró por los suelos todo lo que había logrado.
El pasado verano "fue fatal" y las ventas cayeron a la mitad. Pero uno siempre se resiste a tirar la toalla y María puso todas sus esperanzas en la campaña de Navidad y en la de rebajas, dos oportunidades que al final han resultado un fiasco: "No se movió nada". A finales de enero, aceptó con resignación que tendría que echar el cerrojo.
¿Planes de futuro? Irse de empleada a alguna tienda e ir devolviendo, poco a poco, lo que debe de alquiler y a los proveedores. Calcula que tardará un año en devolver todo lo que debe. "Es un sinsentido", dice esta madre que debe sacar sola adelante a sus dos hijos y que en estos momentos echa en falta la ayuda de ayuntamientos y consellerias: "No entiendo cómo no toman cartas en el asunto".
Casos como el de María hay muchos, pero no todos se animan a contar su experiencia. Es lógico, teniendo en cuenta que esta gente había puesto toda su ilusión en un proyecto que ahora ven que se hunde. Poca gente tiene ganas de contarlo. "¡No hace falta un reportaje para ver lo mal que van las cosas!", responde airado el encargado de una tienda de cuadros y material artístico situada en el centro de Ciutat que también tiene los días contados.
Estos meses parecen especialmente propicios para colgar el fatídico rótulo de ´vamos a cerrar´, pues igual que María Sánchez, muchos comerciantes confiaban en la campaña navideña y en las rebajas de enero. Es el caso de Antonia Pou, que abrió Quick, una tienda de regalos, hace dos años y va a tener que cerrar. Navidad "no fue cómo esperaba", explica esta mujer, que lamenta haber tenido la mala suerte de abrir justo un poco antes de la crisis: "Nos ha pillado". Historias como la de María y la de Antonia son muy comunes, las tiendas más antiguas y con clientela fija aguantan mejor el envite. El resto puso sus esperanzas en la campaña navideña y en las rebajas y ha tenido que rendirse al ver que finalmente sus ilusiones han quedado en nada.
Cuando este diario salió a la calle en Navidad para ver cómo iban las ventas se encontró con tiendas que rebajaban lo imposible para lograr tirar adelante. Por ejemplo, en Soho, una tienda de ropa de la zona de El Olivar, Paloma nos contaba en diciembre que tenían todo el género a mitad de precio. "De seguir así no lo podremos mantener", comentaba. Lamentablemente, sus peores augurios se han cumplido. Esta semana la verja estaba echada y en ella lucía el consabido cartelito de "local disponible".
Las rebajas tampoco sirvieron para levantar el vuelo y es que, según analizó la patronal del pequeño y mediano comercio Pimeco, han sido las peores de los últimos ocho años y eso que los empresarios ofrecían un descuento medio del 68% (20 puntos más que en 2008). Más que ofrecían, podemos decir que ofrecen, pues la mayoría de las tiendas siguen con grandes ofertas, cuando otros años solían desaparecer a finales de febrero.
Cualquier paseante que se fije un poco, ya se habrá dado cuenta de la proliferación de rótulos de ´se vende´ o ´se alquila´, pero por si alguien cree que todo es mera psicosis o sugestión, haciendo un pequeño recuento puede hacerse idea de la situación. En Sindicat contamos siete negocios cerrados; en Jaume III sólo son seis. En la modesta calle Josep Tous i Ferrer son tres, igual que en Sant Miquel, mientras que en las inmensas Avingudes llegamos a siete. La palma se la lleva la calle Oms, con nueve locales clausurados. Si alguien aún duda, basta consultar con alguna inmobiliaria.
En Grupo Ferran, uno de los líderes de su sector, confirman que en el último año han aumentado entre un 15% y un 20% el número de locales vacíos. Desde otra agencia, Patrimonio Mallorca, Juan Antonio Rodríguez ratifica que este fenómeno se da "tanto en las calles buenas como en las no tan buenas".
Tanto Rodríguez como Chesca Castañer, directora de Grupo Ferran, han detectado tendencias novedosas en el último año. Por un lado, la bajada de los alquileres de los establecimientos que ya estaban vacíos antes de que comenzase la debacle económica para "intentar moverlos". Estas reducciones rondan el 15% en algunos casos.
Otro fenómeno reciente es que los inquilinos se plantan ante los dueños de los locales con un argumento que podría resumirse así: "Hay crisis, así que o me bajas el alquiler o me voy". Según Rodríguez, en algunos casos sí que son personas que están pasando un mal bache; en otros, "simplemente se aprovechan". Estos acuerdos con los propietarios son muy variables, pero en muchas casos se congela la subida del IPC y se hace una rebaja en torno a 100 euros, según indican desde Patrimonio Mallorca. Castañer precisa que si la relación con el inquilino es larga y las rentas no muy altas, se congelan; si el arrendamiento es reciente, se renegocia un nuevo precio, que en algunos casos puede suponer una rebaja del 30%.
Cada vez hay más locales vacíos y cada vez por más tiempo. Está claro que la ocupación de un establecimiento depende mucho de su precio, condiciones y localización, pero sí puede apreciarse un aumento del tiempo de espera. Desde Grupo Ferran antes calculaban que cada local tardaba una media de entre 3 y 4 meses en encontrar un inquilino; ahora el tiempo de espera va de los 6 a los 9 meses. Mientras, los escaparates permanecen vacíos, esperando que vengan tiempos mejores.
