La trastienda de la crisis
La situación económica y el desembarco de 'Los chinos' estancan el desarrollo del corazón comercial de la capital · Por primera vez en cincuenta años se acumulan carteles de 'Se alquila' en la zona
Dos de cada tres comercios de Huelva se ubican en el centro de la capital, que se presenta como una gran isla peatonal y comercial de más de treinta calles en las que se asientan casi 250 establecimientos, que generan alrededor de 1.200 empleos directos. Los mismos que desde la década de los 90 han vivido una época de esplendor que se ha visto truncada por dos fenómenos imprevistos: la crisis y el desembarco de 'los chinos'. No hay cifras oficiales que muestren de forma exacta el cierre de comercios que ha provocado la situación económica, aunque un simple vistazo a su arteria principal (el tramo comprendido entre las calles Concepción, Palacio, Pérez Carasa y Berdigón) deja la imagen de nueve persianas echadas con un escaparate en el que únicamente se puede observar el cartel de 'Se alquila'. En la calle Rábida, otra referencia comercial, son cinco los locales que han ido cayendo en los últimos cinco meses y aún mantienen el cerrojo echado. Los comerciantes aseguran que es la primera vez en cuarenta años que pasan por una situación igual.
El centro de la capital ha pasado en tan sólo dos décadas de ser el centro del comercio tradicional a convertirse en un gran centro comercial abierto en el que conviven grandes cadenas de distribución (Inditex se ha implantado con todas sus firmas) con los establecimientos de toda la vida, que han sabido superar obstáculos, pero que ahora acusan los efectos de una crisis que comenzaron a sentir de lleno en el verano de 2007. "Llevamos casi dos años soportando el receso del consumo y necesitamos que la Administración y los onubenses apuesten por nosotros", asegura el presidente de las Calles del Centro, Juan Miguel Caldentey.
Dos años de crisis que llegan un año después de haber empezado a sufrir la implantación de bazares chinos y dos después de haber tenido que competir especialmente con las grandes superficies y cadenas de distribución. Muchos frentes que han ido dibujando un nuevo escenario comercial en el casco histórico de la ciudad.
El primer cambio de imagen llegó de la mano de la consolidación del Centro Comercial Abierto (CCA), hace cuatro años, cuando se implantó el proyecto de urbanismo comercial en toda la zona peatonal de la capital (la misma que delimita el CCA), que nació con la idea de conseguir ser competitivos frente a los centros comerciales cerrados. Se consiguió ofrecer una imagen de unidad, modernizar los comercios y adecentar las calles que lo comprendían. Prácticamente no había locales disponibles en el casco histórico y los que cesaban su actividad (el comercio es un sector que está en constante cambio) rápidamente volvían a ocuparse. "El éxito fue tal que se disparó el precio del metro cuadrado", asegura Caldentey. Y es que las grandes firmas no dejaron escapar la oportunidad y en estos años protagonizaron su especial desembarco, en locales restaurados por los que se llegó a duplicar el precio del alquiler, para situarlo en los 50 euros, "una barbaridad", puntualiza Caldentey. Y fue ese tirón fue el que aprovecharon los empresarios asiáticos cuando iniciaron el asentamiento de los establecimientos regentados por ellos, que "además de pagar puntualmente responden a la mejor oferta", explica la propietaria de un local en el que hace poco más de un año se instaló un chino. "Yo no lo dudé -asegura- porque me ofrecieron el doble de lo que yo creía que iba a recibir por el alquiler". Y así, han ido ocupando los locales más amplios y mejor situados, hasta el punto de que en una de las entradas al CCA, la calle Tres de agosto, se estima que la tercera parte del negocio se impulsa por este tipo de bazares. Nada mejor que comprobarlo in situ, en el primer tramo, de nueve comercios, tres son chinos. El comercio tradicional no tiene nada en contra de ellos, salvo que mantiene que "hacen una competencia desleal descarada", puntualiza Caldentey , quien sostiene que no respetan los horarios (sólo los establecimientos comerciales de menos de 300 metros cuadrados tienen libertad horaria), ni tampoco las obligaciones con la Seguridad Social, cuando "nosotros tenemos a todos los trabajadores dados de alta", denuncia el sector tradicional. Ellos también han contribuido a cambiar la imagen de los establecimientos del centro, que han pasado de ser especialistas y monosectoriales a ofrecer un poco de todo: zapatos, vestidos, bolsos, camisetas, gafas de sol, cinturones, bisutería, productos de cocina, de baño, bombillas, jaulas para hámsters, portarretratos, juguetes, películas, juegos de mesa, alfombras, mantas, almohadas, o tecnología gracias a estos mastodónticos locales, lo que los convierte e rivales directos de casi cualquier gremio comercial.
A pesar de ello, el pequeño comercio consiguió mantenerse, hasta que hace dos años comenzaron a cerrar sus establecimientos (fueron casi un centenar los que dejaban su actividad al no soportar la proliferación de nuevas estructuras), para salir a flote de la mano de firmas ajenas a Huelva, que han dejado una proporción comercial en la que se mantienen los sectores (siguen predominando los establecimientos de venta de artículos de moda, el 18%, al que le siguen los del sector de la lencería y complementos, que representan un 8% y los de novios, que sí se han multiplicado, al igual que las ópticas, para representar el 8 y el 5%, respectivamente).
El centro de la capital ha pasado en tan sólo dos décadas de ser el centro del comercio tradicional a convertirse en un gran centro comercial abierto en el que conviven grandes cadenas de distribución (Inditex se ha implantado con todas sus firmas) con los establecimientos de toda la vida, que han sabido superar obstáculos, pero que ahora acusan los efectos de una crisis que comenzaron a sentir de lleno en el verano de 2007. "Llevamos casi dos años soportando el receso del consumo y necesitamos que la Administración y los onubenses apuesten por nosotros", asegura el presidente de las Calles del Centro, Juan Miguel Caldentey.
Dos años de crisis que llegan un año después de haber empezado a sufrir la implantación de bazares chinos y dos después de haber tenido que competir especialmente con las grandes superficies y cadenas de distribución. Muchos frentes que han ido dibujando un nuevo escenario comercial en el casco histórico de la ciudad.
El primer cambio de imagen llegó de la mano de la consolidación del Centro Comercial Abierto (CCA), hace cuatro años, cuando se implantó el proyecto de urbanismo comercial en toda la zona peatonal de la capital (la misma que delimita el CCA), que nació con la idea de conseguir ser competitivos frente a los centros comerciales cerrados. Se consiguió ofrecer una imagen de unidad, modernizar los comercios y adecentar las calles que lo comprendían. Prácticamente no había locales disponibles en el casco histórico y los que cesaban su actividad (el comercio es un sector que está en constante cambio) rápidamente volvían a ocuparse. "El éxito fue tal que se disparó el precio del metro cuadrado", asegura Caldentey. Y es que las grandes firmas no dejaron escapar la oportunidad y en estos años protagonizaron su especial desembarco, en locales restaurados por los que se llegó a duplicar el precio del alquiler, para situarlo en los 50 euros, "una barbaridad", puntualiza Caldentey. Y fue ese tirón fue el que aprovecharon los empresarios asiáticos cuando iniciaron el asentamiento de los establecimientos regentados por ellos, que "además de pagar puntualmente responden a la mejor oferta", explica la propietaria de un local en el que hace poco más de un año se instaló un chino. "Yo no lo dudé -asegura- porque me ofrecieron el doble de lo que yo creía que iba a recibir por el alquiler". Y así, han ido ocupando los locales más amplios y mejor situados, hasta el punto de que en una de las entradas al CCA, la calle Tres de agosto, se estima que la tercera parte del negocio se impulsa por este tipo de bazares. Nada mejor que comprobarlo in situ, en el primer tramo, de nueve comercios, tres son chinos. El comercio tradicional no tiene nada en contra de ellos, salvo que mantiene que "hacen una competencia desleal descarada", puntualiza Caldentey , quien sostiene que no respetan los horarios (sólo los establecimientos comerciales de menos de 300 metros cuadrados tienen libertad horaria), ni tampoco las obligaciones con la Seguridad Social, cuando "nosotros tenemos a todos los trabajadores dados de alta", denuncia el sector tradicional. Ellos también han contribuido a cambiar la imagen de los establecimientos del centro, que han pasado de ser especialistas y monosectoriales a ofrecer un poco de todo: zapatos, vestidos, bolsos, camisetas, gafas de sol, cinturones, bisutería, productos de cocina, de baño, bombillas, jaulas para hámsters, portarretratos, juguetes, películas, juegos de mesa, alfombras, mantas, almohadas, o tecnología gracias a estos mastodónticos locales, lo que los convierte e rivales directos de casi cualquier gremio comercial.
A pesar de ello, el pequeño comercio consiguió mantenerse, hasta que hace dos años comenzaron a cerrar sus establecimientos (fueron casi un centenar los que dejaban su actividad al no soportar la proliferación de nuevas estructuras), para salir a flote de la mano de firmas ajenas a Huelva, que han dejado una proporción comercial en la que se mantienen los sectores (siguen predominando los establecimientos de venta de artículos de moda, el 18%, al que le siguen los del sector de la lencería y complementos, que representan un 8% y los de novios, que sí se han multiplicado, al igual que las ópticas, para representar el 8 y el 5%, respectivamente).
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