Admite que los mató a martillazos, pero drogado
Juan Carmelo S.A., un encofrador grancanario de 42 años, admitió ayer ante el jurado que en 2006 mató a martillazos al matrimonio inglés que le cobraba el alquiler de su casa en El Cotillo (Fuerteventura), pero dijo que no sabía decir por qué. Alegó que había comido setas alucinógenas.
Soy absolutamente culpable, acabé con la vida de esas dos personas sin justificación». Con estas palabras inició ayer su confesión ante el jurado el encofrador grancanario Juan Carmelo S.A., que comparece ante la Audiencia como supuesto autor del doble asesinato del matrimonio inglés formado por Brian y Tina Johnson, el 11 de julio de 2006 en El Cotillo (La Oliva, Fuerteventura).Con gran serenidad y una voz firme y tranquilla que contrastaba con su agresivo aspecto, el acusado admitió que en la mañana de aquel día abrió la puerta a Tina, y cuando ésta le dijo algo similar a «tienes que dejar el piso» porque le adeudaba tres mensualidades, «fui a por ella», sintetizó. Confesó que primero le dio un puñetazo y después cogió un martillo, «no sé de dónde» y le dio «el piñazo». A continuación llamó a la puerta Brian, que venía buscando a Tina: «Me cambié el martillo de mano y según pasaba el siguiente le dí en la cabeza, lo recuerdo. Yo a él ni le conocía».
El homicida confeso expuso que a continuación cerró los ojos de la pareja, envolvió las dos cabezas en plástico «para que no sangraran tanto» y los cuerpos en mantas y los escondió debajo de una cama. A continuación limpió el apartamento y esperó a que llegara su hijo para salir a comer. Afirmó que toda la ocultación del crimen fue para que su hijo adolescente no viera lo ocurrido. «Quería decirle lo que había pasado, pero no encontré el momento», expuso. Cogió el coche de la pareja y lo aparcó varias calles más atrás, como si no hubieran estado frente a su casa.
En la madrugada de aquella jornada, el homicida cargó los dos cuerpos en el coche de una amiga, condujo hasta el malpaís de La Oliva, donde solía pasear a su perro, y los ocultó debajo de un montón de piedras. Cuando al día siguiente la policía le preguntó, dijo que habían cobrado y se habían ido. Los cuerpos los halló un cazador días después.
Alegó que había tomado alcohol, coca y setas alucinógenas.
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